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Working class hero

En 1906 Lewis Hine era profesor en la Universidad de Nueva York y en sus clases de ética y estética estimuló a sus alumnos para usar la cámara fotográfica como un instrumento de comunicación, y no sólo como productora de arte, que era lo usual en aquel tiempo. Los jóvenes siguieron con entusiasmo al sociólogo por las aduanas y puertos para retratar a los inmigrantes que en grandes oleadas llegaban de los lugares más lejanos buscando “la América”. Con sus cámaras recorrieron los escuálidos barrios donde se hacinaban las familias, para documentar cómo el sueño americano era una pesadilla de promesas traicionadas.
En 1907 Lewis Hine tenía 35 años y decidió dejar la universidad para salir a la calle y recoger las imágenes indignantes de la miseria, en la mismísima 5a Avenida. Retrató a los trabajadores haciendo equilibrios en las nubes para levantar los orgullosos rascacielos, y a los obreros en la fatiga de la fundición.
Y estando en esas, dirigió sus cámaras, como afectuosos ojos, hacia los pequeños hijos de los inmigrantes que eran las víctimas fáciles de aquella enorme máquina de machacar carne que era el impetuoso desarrollo neoyorkino.
A los pequeños los halló entre la basura de los bajos fondos, o exhaustos sobre las máquinas textileras de la periferia; también los vio partir en camiones de redilas para ser aventados en las oscuras fauces de las minas de carbón del Este.
Durante diez años, Hines documentó el terrible drama del progreso destructivo, acumulando miles de fotos de los chicos en las fábricas, calles y tierras de cultivo, como prueba de que el crecimiento de la ganancia contaba con el ultraje a los pequeños trabajadores.
La lucha de Hine tuvo enorme eco en la comunidad democrática y finalmente fue escuchado en los comités del gobierno y del Congreso, hasta que decidieron prohibir la explotación infantil.
En las décadas de los 20 y 30, Lewis continuó enfatizando en sus fotografías la decisiva contribución del trabajo humano al crecimiento de la riqueza (ajena), y enmedio de la Gran Depresión siguió a los trabajadores en su ruta a través de la sequía laboral Y poco después murió. Un año antes de que aquellos niños, ya mayores, partieran a la guerra en Europa a pelear por "la América" que ya era su nueva patria.
Lewis Hine no cambió el mundo es cierto, no al menos de ese modo fabulado que le gusta a la Historia, en el que grandes héroes mitológico-republicanos levantan ejércitos en un tris, dizque para cambiar el mundo de golpe y porrazo, aunque las cosas luego siguen igual. No. Hine no es de esos. Sino de los que luchan por los cambios éticos, que son los cambios de verdad. Él era como los científicos honestos, los artistas, poetas, músicos o dramaturgos que con su trabajo impulsan la recuperación de la dignidad humana, porque están seguros que algún día será la sustancia de nuevos comportamientos colectivos.


 
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