viernes

¿Cuál historia?

A George Santayana se le adjudica la frase de que quien desconoce su pasado está condenado a repetirlo. En lugar de pensar en las implicaciones de esta afirmación los historiadores hicieron una variación del tema con un lugar común: que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetir sus errores. Como se ve hay una diferencia importante: aquél habla del pasado y éstos de los errores. La primera proposición implica que si los pueblos tuviesen memoria no se plantearían los mismos problemas del pasado.
Pero no hay que darle vueltas: el más simple sentido común nos indica que el pasado, como la vida de las personas, no puede repetirse. Nadie puede regresar a su infancia y por lo tanto es imposible que pueda cometer los errores de aquella época. Si alguien se quema las manos en la estufa no es porque ignore que el fuego quema, como cuando era bebé. Es otro entorno y ése es un nuevo error. Las circunstancias en cada "presente" hacen que toda situación sea nueva, y por lo mismo es absurdo hablar de situaciones "inéditas" (decirlo es redundante).
La razón de aquella frase es totalmente política. Son excepcionales los historiadores que no hayan trabajado para el poder desde que nació el mundo. Lo hacen gratis o por interés, pero al fin terminan justificando la existencia de los gobernantes. Y es ahí donde cobra sentido ese lugar común, de no cometer los errores del pasado.
Si agarramos un compendio de Historia moderna en él hallaremos la narrativa de la constitución del Estado. Desde sus primeros balbuceos en labios de los "Padres de la patria", hasta el final feliz que termina con la consolidación de las instituciones actuales.
En ese relato se nos dice que las guerras y los enormes sufrimientos del pasado valieron la pena porque obtuvimos la libertad que ahora garantiza el Estado. Un Estado fuerte, medio abollado y corrupto, sí, pero representativo. No como el de antes, que al carecer del apoyo de la población era muy débil y podía ser sometido por caudillos militares o potencias extranjeras.
Esa es la lección: no hagamos algo que pueda debilitar el Estado. Apoyemos a alguno de los representantes de la Patria que dirigen los partidos políticos, mostrándoles nuestro cariño a la hora del voto. No importa a cuál; lo importante --nos dicen-- es no dejar el campo abierto a los enemigos de la Patria. Para eso se escribe la Historia...
Pero vamos suponiendo que hubiese otro relato, la otra historia, una distinta, que nos explicara cómo es que pudimos en un par de siglos alimentar a este monstruo que se ha vuelto contra nosotros... Este Estado que se reproduce al margen de la sociedad, y la hace sujeto de él y a la vez su víctima. Si supiéramos cómo ocurrió eso, no insistiríamos en el error.

 
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