jueves

La "izquierda" no fuma

El cigarro mata lentamente, pero no tengo prisa.

¡Quién lo hubiera dicho! Sin que nadie se los hubiera pedido, los legisladores de "la izquierda" en el DF emitieron en 2008 un reglamento contra los fumadores, igualito al que expidió Hitler apenas llegado al poder, para imponer desde el gobierno un estilo de vida, usando la ley como un garrote.
Las razones del prohibicionismo no tienen ni de cerca alguna fundamentación científica, pero dan rienda suelta a la obsesión de esa “izquierda” por regular las relaciones sociales y los comportamientos individuales con leyes y sanciones.

Con la expedición de la ley vino una masiva campaña que aceleró la paranoia en la sociedad para culpabilizar a los que fuman por todos los males pulmonares que sufre la gente. De la contaminación de las empresas no se dijo ni pío, ni tampoco que un auto expulsa un volumen de gases equivalente a mil fumadores por minuto, y que en la ciudad circulan más de 3 millones de vehículos.
Esa prohibición debe eliminarse haciendo respetar los derechos de todos. Cada negocio debería poner un letrero en el exterior indicando su vocación. Si un bar puede atender a fumadores y no fumadores en áreas separadas, que así lo haga. Quien tolere a los fumadores, que vaya a los lugares donde se permita fumar. Finalmente, que aquellos dueños de bares y restaurantes que son intolerantes al humo, pues que impidan fumar dentro, si así les parece.
Además, debería permitirse que las fonditas, cervecerías, restaurantes, o cafés, pongan libremente mesitas y sillas al aire libre, dejando un espacio regulado para el tránsito de peatones.
De este modo, el juego de la oferta y la demanda terminaría por inclinar a cada centro de consumo a la posición que más le convenga, y a cada persona a elegir el lugar de su preferencia sin que el gobierno se meta en sus decisiones.
Los derechos de todos serían respetados en la plural aplicación del derecho, como corresponde a una sociedad abierta y posmedieval.
 
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